Foto: Munduko Janariak en Ea / Autoría: Busturialdeako Hitza
Cada vez más municipios y comunidades se enfrentan a una misma pregunta: ¿cómo acoger a las nuevas personas que llegan a nuestro pueblo? En Farapi creemos que la acogida no es una primera acción o un momento puntual que tiene lugar al llegar a un nuevo lugar de residencia. La acogida es uno de los primeros pasos para construir comunidad y hacer pueblo y, por ello, requiere una mirada a largo plazo, cuidados y reconocimiento mutuo.
Pero ¿desde dónde acogemos? ¿Desde la asimilación, pidiendo a las nuevas personas que se adapten a aquello que ya existe? ¿O desde una interculturalidad crítica, entendiendo que la diversidad ofrece también una oportunidad para transformar la propia comunidad? La acogida y la convivencia intercultural no son lo mismo, pero a menudo van de la mano. Para fomentar la convivencia es necesario un diálogo real, y eso significa poner sobre la mesa las asimetrías, las discriminaciones y las relaciones de poder existentes, así como reconocer los propios privilegios y responsabilidades.
Como nos recuerda Catherine Walsh, «la interculturalidad no es un encuentro neutral entre diferencias, sino una oportunidad para transformar las relaciones de poder presentes en esas relaciones».
En los procesos participativos que hemos acompañado hemos visto que no existe una fórmula mágica. Cada pueblo y cada contexto deben encontrar su propio camino, pero el camino más fructífero suele ser aquel que se construye colectivamente. Las comunidades necesitan espacios colectivos para navegar por los nuevos retos, plantear preguntas complejas y buscar respuestas conjuntamente. Es precisamente en esa construcción donde debe incorporarse la mirada intercultural: preguntarnos a quién escuchamos, quién queda fuera y qué condiciones creamos para que todas las personas puedan participar.
De hecho, la acogida no consiste únicamente en qué ofrecemos, sino en cómo lo construimos conjuntamente. En los procesos participativos esto plantea retos muy concretos: realizar previamente un mapeo de las personas participantes y llegar a quienes no acceden a los espacios y redes habituales; planificar con antelación la comunicación y la gestión de las lenguas; tener en cuenta diferentes formas, ritmos y tiempos de participación; y, a la hora de organizar iniciativas relacionadas con la interculturalidad, partir de criterios consensuados con la comunidad.
En definitiva, la acogida debe construirse desde la comunidad y desde la convivencia. El pueblo puede ser un espacio de intercambio y de comprensión mutua, que entienda la diversidad no como un problema, sino como una oportunidad para enriquecer y transformar la comunidad.
«La acogida nos permite realizar un ejercicio de intercambio y comprensión mutua en el pueblo, poniendo en valor la diversidad».
(Participante del proceso Repensando la Acogida y la Convivencia en Ea)
Y quizá ahí esté la clave: la acogida no consiste únicamente en que alguien entre a formar parte de una comunidad; también es una oportunidad para reinventar colectivamente la propia comunidad.
Conoce algunos procesos sobre el tema:

Proceso participativo para reforzar la acogida y la convivencia intercultural en el pueblo de Ea

Acompañamiento en el diseño del II Plan Estratégico de Errenteria para la convivencia intercultural
El Departamento de Convivencia y Cooperación Comunitaria de Errenteria quería evaluar el Plan Estratégico para una convivencia ciudadana basada en la diversidad, correspondiente al periodo 2019-2023, y diseñar un nuevo plan que diera continuidad al anterior. Desde Farapi, facilitamos un proceso de reflexión compartida basado en la capacidad de adaptación al contexto, la evaluación crítica y constructiva y la creatividad.

