El sistema capitalista se apoya en la división de las esferas pública y privada. Esto conlleva que las personas trabajadoras seamos forzadas a anteponer el empleo ante cualquier otra faceta de la vida, planificando y estructurando nuestros quehaceres diarios en base a la siguiente expectativa: que los trabajos de cuidados (adscritos a la esfera privada) no invadan la vida laboral. En muchos casos, esta priorización también nos obliga a tener una disponibilidad de tiempo que supera la jornada laboral contractual.
En 2019, desde Farapi Kooperatiba decidimos que queríamos transformar nuestra forma de trabajar, creando una estructura más acorde con nuestra ideología: pasamos de ser una cooperativa con gerencia a una cooperativa no jerarquizada, organizada por grupos de trabajo. Desde entonces, estamos trabajando por un modelo ‘bizigarri’ (en euskera, ‘habitable’), que ponga el bienestar de las personas y el equipo en el centro, teniendo en cuenta la viabilidad del proyecto y el impacto que genera en nuestro entorno.
El marco que ofrece la economía feminista ha sido clave para impulsar este nuevo modelo de trabajo. Para ponerlo en práctica y aplicarlo a nuestra realidad, hemos acordado una serie de dimensiones que vertebran nuestro trabajo y hemos creado procesos y herramientas que nos ayudan a desarrollarlas en la práctica.


